Diabéticos y las comidas ¿Qué hay que tener en cuenta?

Los diabéticos suelen prestar muchísima atención a lo que consumen. ¿Por qué? Las distintas formas de presentación de la diabetes comparten como característica común la elevación de los niveles plasmáticos de glucosa (hiperglucemia). Esta alteración se vincula con procesos de modificación estructural de numerosas proteínas del organismo, denominados por los expertos como “glucosilación no enzimática”.

El resultado consiste en el compromiso de numerosos tejidos con graves consecuencias para la salud (enfermedad coronaria, insuficiencia renal, ceguera, demencia, amputaciones de las extremidades, entre otros).

Si bien los tratamientos farmacológicos son uno de los pilares indudables del enfoque de la diabetes, la dieta constituye otro componente de importancia equiparable a la de los medicamentos. Por lo tanto, los menús para diabéticos requieren del asesoramiento profesional y de una adecuada educación de los enfermos.

Una de las premisas fundamentales para la confección de estos planes nutricionales es la regularidad, esto es, el consumo de alimentos a horarios más o menos establecidos. Esta sistematización de las comidas adquiere una importancia aún más relevante en los individuos que utilizan insulina, ya que la aplicación de este medicamento en ausencia de la ingesta apropiada de alimentos puede provocar hipoglucemia, una complicación de alto riesgo.

Otro parámetro destacado es la proporción de hidratos de carbono complejos, como el almidón. Si bien deben evitarse los azúcares refinados, es prudente conocer el porcentaje de carbohidratos que el paciente debe ingerir en forma diaria, para evitar el paradójico riesgo de la malnutrición.

Los nutricionistas recomiendan que los enfermos conozcan las equivalencias en el aporte de almidón y productos similares contenidos en alimentos como las pastas, las papas, el arroz, el pan o las legumbres, para eventuales sustituciones.

Es habitual relacionar a los menús para diabéticos con esquemas rutinarios o con escaso sabor. Estas variables pueden provocar que los enfermos interrumpan la dieta, con el consiguiente riesgo para la salud.

De no existir contraindicaciones, se propone el uso de hierbas aromáticas, especias o aderezos sin contenido calórico (pimienta, cilantro, ají, ajo o cebolla en polvo) para optimizar el componente placentero de los alimentos y estimular de esta manera el respeto por la dieta como parte de la terapia de la enfermedad.

Entre los elementos que deben evitarse se encuentran la mayor parte de las bebidas alcohólicas o no alcohólicas con alto contenido en hidratos de carbono simples (cerveza, vinos dulces, refrescos cola), las harinas refinadas, las salsas y los alimentos con elevado contenido graso, en especial aquellos de origen animal.

Entre los productos que se recomiendan para integrar la mayor parte del aporte nutricional de los pacientes con diabetes se hace hincapié en numerosos alimentos de origen vegetal (lechuga, pepinos frescos, zapallo, calabaza, crucíferas, espinaca, acelga, berro, puerro, tomates, espárragos, hongos frescos).

Ante la duda, la consulta al profesional médico o nutricionista es la opción más adecuada para establecer un plan preciso para el control de la enfermedad, y, al mismo tiempo, dotado de la suficiente plasticidad que se requiere para asegurar el cumplimiento óptimo de la terapéutica propuesta por el equipo médico.