Por qué se produce la flacidez facial y cómo podemos combatirla

La flacidez facial es probablemente una de las características del paso de los años que se asocia con mayores repercusiones estéticas, por lo cual los recursos para mejorar esta afección se encuentran entre los más solicitados en los centros especializados.

El proceso de flacidez facial es la consecuencia del debilitamiento progresivo de los tejidos que actúan de sostén en la matriz del rostro, especialmente el denominado tejido conectivo que se ubica entre la piel y las capas musculares más profundas.

A esta alteración se le agrega la menor producción de proteínas estructurales en la epidermis, por lo cual la proporción de colágeno y elastina disminuyen y la piel resulta menos adaptable a los planos musculares.

 

Estas anomalías empiezan a percibir en especial a partir de los 40 años y, en las mujeres, se aceleran con la menopausia por pérdida del efecto trófico de los estrógeno.

El combate contra la flacidez facial comienza por el estilo de vida, ya que una alimentación balanceada con alto contenido en algunas proteínas y, sobre todo, una abundante hidratación, contribuyen a disminuir la progresión de esta afección.

Sin embargo, los resultados óptimos se obtienen con el tratamiento específico. Tanto el masaje como la limpieza facial son medidas simples y accesibles que se integran a las terapias para optimizar la flacidez de los tejidos.

A estas opciones sencillas pueden agregarse tratamientos algo más complejos, como la aplicación de pulsos de radiofrecuencia, el uso de cremas y ungüentos locales con alto contenido en vitaminas y ácido hialurónico y las diferentes variantes de la mesoterapia, entre las cuales sobresale la mesoterapia virtual.

 

Por lo tanto, la flacidez facial, si bien es una inquietante enemiga de la belleza, resulta una afección que puede derrotarse con facilidad por medio de estrategias económicas, prácticas y poco invasivas.

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