Cómo tratar la insuficiencia renal crónica

Con el paso del tiempo los riñones se deterioran y pierden su capacidad de producir orina para eliminar el exceso de agua y desechos del cuerpo. Es lo que se conoce como insuficiencia renal, pues el órgano ya no suprime las toxinas de la sangre ni cumple otras funciones que necesitamos para vivir.

Se habla de Insuficiencia Renal Crónica (IRC) si su filtrado glomerular está en valores inferiores a 60ml/min/1,73 m2, números que resultan de las fallas del riñón en un lapso de tres meses.

Puede pasar mucho tiempo para que el paciente perciba los síntomas de la etapa crónica, incluso es posible que lo sepa justo cuando los riñones ya no funcionen.

Si esto sucede, la persona tiene que ser tratada con diálisis y trasplante de riñón.

Síntomas de la insuficiencia renal crónica

La IRC está directamente ligada a la retención de líquidos, por ejemplo los edemas que causan hinchazón en las piernas o falta de aire en los pulmones; la acumulación de electrolitos y urea.

Una persona con IRC pierde apetito y peso, ve borroso, se siente cansada, experimenta náuseas y vómitos, sufre dolores de cabeza e insomnio, se descalcifican sus huesos, está anémica, se le entumecen o duelen las piernas y brazos, y padece gastritis.

Esto pasa precisamente por la alteración del trabajo de los riñones, lo cual afecta la producción de glóbulos rojos, no hay equilibrio hidroelectrolítico y de ácido base para regular el PH y mantener las sales y líquido que necesita el cuerpo; tampoco se liberan las toxinas y menos se regula el metabolismo del calcio.

Aunque la diabetes y la hipertensión arterial repuntan como las causas más comunes de la IRC, existen otras patologías que perjudican los riñones: infecciones y cálculos renales, nefropatía por reflujo, trastornos autoinmunitarios, etc.

Tratamiento de la insuficiencia renal crónica

Los tratamientos para esta enfermedad están basados en la hemodiálisis y la diálisis peritoneal, pero cuando es crónica requiere el trasplante. Las dos primeras son terapias sustitutivas porque pasan a remplazar las tareas que naturalmente corresponden al riñón.

Para elegir la indicada, el médico nefrólogo considerará las características del paciente. Ocurre cuando el riñón funciona entre 5 y 15% de su capacidad real.

Las dos alternativas harán que la persona se sienta mejor, al tiempo que el cuerpo trabaje de buena manera.

Tres alternativas para los pacientes

1. La hemodiálisis consiste en el uso de una máquina que transporta y depura la sangre mediante un filtro, el cual hace las veces de riñón artificial. Este proceso no sustituye la capacidad metabólica y endocrina del órgano.

Con ella se consigue nivelar el equilibrio electrolítico y de ácido base, excretar solutos y erradicar líquido retenido.

Según el estado del paciente, dura en promedio cuatro horas y debe repetirla tres veces en una semana.

2. En la diálisis peritoneal el filtro es una membrana natural llamada peritoneo. La sangre no sale del cuerpo para ser filtrada, sino que se inyecta a la cavidad peritoneal a través de un catéter implantado en una cirugía.

Son entre tres y cinco intercambios de soluto en la membrana en un día, todo dependerá de lo que necesite el paciente.

Con estos tratamientos se busca neutralizar el daño diagnosticado y retrasar el avance de la enfermedad.

3. En la fase crónica el trasplante es lo conveniente, solo que para hacerlo debe existir un órgano disponible. Aunque el donante puede estar vivo, también se aceptan de cadáveres, siempre que no haya padecido de alteraciones renales, no fuera portador de VIH, o sufriera de hipertensión grave o cáncer.

Hay quienes apuestan a los remedios caseros para prevenir la enfermedad: jugo de perejil, diente de león y comidas bajas en sal, son algunas de las alternativas.