Jabones naturales ¡la mejor opción para colaborar con el medio ambiente!

Los jabones naturales avanzan entre las preferencias de los usuarios en todo el mundo, no sólo en las áreas rurales en las cuales constituye un recurso tradicional, sino en los grandes centros urbanos, ya que contribuye a un mejor reciclado de materiales con preservación del medio ambiente.

Vale recordar que, desde tiempos de las primeras civilizaciones, la creación de jabones naturales era parte de la vida cotidiana en las tribus y clanes familiares. El fuerte encarecimiento relativo de las grasas y los aceites durante la Edad Media impidió la perpetuación de esta práctica en los feudos y los reinos antiguos.

Sin embargo, a partir de la revolución industrial y, en especial, en la segunda mitad del siglo XX, esta tarea volvió a difundir en forma paulatina en los hogares de las grandes ciudades.

La conformación de un jabón natural se fundamenta en la propiedad denominada saponificación. Este principio químico consiste en la unión de un producto graso de origen vegetal o animal con un álcali (en general de sodio o potasio).

La reacción inducida provoca la formación de grandes moléculas que incluyen una cadena larga de tipo hidrofóbica (que arrastrará la suciedad de origen graso) y una “región” corta de tipo hidrofílica (que limpiará los restos que resultan solubles). Es por ello que los jabones pueden eliminar todo tipo de suciedad, independientemente de su afinidad y solubilidad en el agua.

Para elaborar un jabón natural en el propio hogar, se necesita una importante cantidad de materia grasa. Se trata de una óptima oportunidad para el reciclado del aceite de cocina, el cual es un reconocido contaminante de napas y arroyos: un único litro de aceite vertido a la red cloacal puede contaminar más de 40 mil litros de agua, al impedir que la fauna respire el oxígeno necesario.

En cambio, la conservación de estos residuos, después de un minucioso filtrado y colado para retirar impurezas, permite su uso como materia prima para sintetizar jabón.

El mecanismo básico consiste en diluir una proporción específica de hidróxido de sodio (soda cáustica) con una pequeña alícuota de sal en un volumen determinado de agua. Esta mezcla debe realizarse con suma cautela, dado que se desencadena una gran liberación de energía con posibilidad de lesiones químicas y térmicas en la piel y en los ojos.

Una vez que el calor generado se disipa, se vierte en el recipiente de trabajo una cantidad de aceite similar al volumen de agua, revolviendo en forma continua en una misma dirección para impedir la conformación de grumos. La mezcla homogénea se expone así al fuego hasta lograr el punto de ebullición, que debe mantenerse durante unas 2 horas.

El producto final de este procesamiento es un jabón natural de muy bajo costo y de alta calidad, al cual pueden adicionarse colorantes vegetales y diversas esencias frutales, arbóreas o mixtas, incluyendo incluso hierbas aromáticas. En consecuencia, se advierte que la elaboración de un jabón natural resulta no sólo simple, sino también profundamente ecológica y deseable.