No te sometas a una lipoescultura sin cirugía sin leer esto antes

La lipoescultura sin cirugía consistía en una verdadera utopía hace tan sólo una década. Sin embargo, los modernos avances técnicos han logrado unificar los excelentes resultados de la lipoescultura clásica, en términos estéticos, con la seguridad de evitar un procedimiento invasivo.

En efecto, con equipos de uso simple, resulta posible en la actualidad lograr resultados análogos e incluso superiores a los de los procedimientos clásicos, por medio de la ultracavitación.

Esta verdadera lipoescultura sin cirugía consiste en la administración específica de ondas de radiofrecuencia hacia determinados planos del tejido adiposo subcutáneo, sin necesidad de anestesia local o sistémica y de utilización de un quirófano.

Por medio de esta tecnología, los pulsos de radiofrecuencia avanzan hasta el tejido graso e inducen la formación de burbujas locales, de un tamaño superior a las que se verifican con la lipoescultura convencional.

Por sus características físicas, estas burbujas tienden a la implosión, con la liberación asociada de altas alícuotas de energía que promueve la lisis de las membranas celulares de los adipocitos (células que conforman la matriz fundamental del tejido adiposo).

Los residuos tisulares que resultan de esta terapia no requieren de ser aspirados, sino que se incorporan finalmente a la circulación linfática y sanguínea para su eliminación por los mecanismos biológicos naturales del organismo.

En consecuencia, los expertos en procedimientos de lipoescultura sin cirugía proponen a los pacientes realizar sesiones posteriores de masaje linfático, con la meta de estimular la actividad de estos vasos para la recolección del detritus destinado a la excreción. Asimismo, la ingesta de altos volúmenes de líquido tanto en la fase previa como en la etapa posterior a cada sesión facilita la rápida eliminación de los restos celulares.

En forma similar a la lipoescultura convencional, la ultracavitación involucra un número variable de sesiones, con un promedio de cinco para la mayor parte de los pacientes, que se extienden por cerca de 40 minutos. Los tiempos varían en función de la magnitud de la adiposidad localizada y de la distribución de los acúmulos, ya que se prolongan en la región glútea y se reducen en áreas de piel delgada, como el rostro, el escote y las caras laterales del cuello.

Debido a la utilización de trenes de ondas de radiofrecuencia, la lipoescultura sin cirugía está formalmente contraindicada en aquellas personas que utilizan marcapasos o cardiodesfriladores implantados, así como en los pacientes que llevan colocadas prótesis ferromagnéticas o coils antiguos por neurocirugías vasculares.


Por otra parte, es apropiado hacer hincapié en que los pulsos de radiofrecuencia pueden provocar alteraciones en los soportes magnéticos, por lo cual tanto los profesionales que efectúan la maniobra como los pacientes tratados deben evitar llevar consigo tarjetas magnéticas de cualquier clase, así como teléfonos celulares.

De esta manera, la lipoescultura sin cirugía es en la actualidad una realidad accesible, en la cual se evita la realización de un procedimiento cruento, sin pérdida de la eficacia en los resultados y en el marco de una rentabilidad de interés para la mayor parte de los pacientes que requieren este servicio de medicina estética.

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