Liposucción láser, todo lo que tienes que saber sobre este procedimiento

La liposucción, conocida además con el nombre de lipoescultura, constituye una técnica quirúrgica de mínima invasividad cuyo objetivo fundamental es la eliminación de la materia grasa acumulada en determinadas regiones, como el tronco, la cara anterior del abdomen, el área de los glúteos, los brazos, ambos muslos, los tobillos, las caras laterales del cuello y ciertos sectores del rostro, con énfasis en el mentón y los pómulos.

El tejido adiposo a remover se aspira por medio de una cánula estéril con la ayuda de dispositivos de vacío, operados de forma manual o mecánica. Después de la demarcación del área de trabajo, se procede a intentar la disolución del panículo graso con diferentes estrategias.

Así, la liposucción convencional se efectúa al instilar solución salina en el plano del tejido adiposo, con el objetivo de separar las porciones fibrosas y las uniones intercelulares. El material obtenido se extrae con las mencionadas cánulas, liberando espacio para que la epidermis se acomode por encima de la nueva superficie.

A pesar de la elevada tasa de éxito terapéutico, los procedimientos clásicos se asocian con la imposibilidad de descartar la licuefacción y aspiración de otros componentes del tejido subcutáneo. Por lo tanto, es frecuente la ruptura de los pequeños vasos sanguíneos locales (capilares, arteriolas, vénulas) lo cual se vincula con la posibilidad de aparición de hematomas regionales o de hemorragias, las cuales pueden considerarse de riesgo leve a intermedio.

La liposucción ultrasónica constituyó un avance en la materia, dado que se emplea la energía procedente de las ondas sonoras de elevada frecuencia para generar la diferencia térmica necesaria para licuar el tejido adiposo y convertirlo en un producto semilíquido. Estos restos tisulares se absorben sin dificultad por medio de los sistemas de vacío, con un riesgo sensiblemente menor de hematomas y hemorragia. Sin embargo, la variante ultrasónica del procedimiento aún se considera un método complementario que no es aplicable en todos los pacientes.

En este contexto, las nuevas tecnologías como la liposucción láser o láser-lipólisis representan un indiscutido y promisorio recurso. En estos casos, la energía obtenida mediante un láser de argón se dirige en forma puntual y específica hacia los adipocitos, esto es, las células que conforman el tejido graso.

Se obtiene así una licuefacción óptima del panículo subcutáneo, que se aspira con el uso de una cánula especial. A diferencia de lo descrito en la forma convencional y ultrasónica, el conjunto formado por el extremo láser y el dispositivo de aspiración tiene un grosor total inferior a los 2 milímetros, por lo cual la posibilidad de hemorragia, hematoma y dolor se reduce de manera acentuada.

Si bien el costo total del procedimiento se encarece hasta en un 50%, la liposucción láser representa una tercera generación de esta técnica quirúrgica de baja invasividad y constituye sin dudas el método que se impondrá como procedimiento de elección en los próximos años, como consecuencia de la combinación entre su elevada tasa de eficacia con bajo riesgo de efectos no deseados.

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