Qué función cumplen las leyes antitabaco y cómo ayudan al ciudadano

Existe un gran debate acerca de la real utilidad de las leyes antitabaco en todo el mundo. La reciente promulgación de estas medidas en muchas ciudades de América Latina ha movilizado a la población a expedirse, con opiniones diversas pero con resultados claros para quienes buscan dejar de fumar.

Desde que se iniciaron las principales campañas contra el tabaquismo a mediados del siglo XX, muchos expertos en salud han propuesto la intervención de los gobiernos y estados para impedir las graves repercusiones sobre la salud pública que se asocian con el cigarrillo.

Una de las primeras medidas han sido los impuestos, que encarecen enormemente el precio del tabaco. Sin embargo, paradójicamente, parte de lo recaudado se destina al subsidio de economías regionales que recurren a la industria tabacalera como fuente de empleos e ingresos provinciales.

La prohibición de las propagandas, en especial en eventos masivos como los espectáculos deportivos, ha sido otro recurso de interés. La eliminación de los avisos subliminales en la propaganda autorizada también ha constituido una herramienta útil. Sin embargo, las leyes antitabaco son sin dudas la mejor opción que se ha elaborado en las últimas décadas.

Al impedir el consumo de tabaco en espacios cerrados o públicos, se evitan las consecuencias no deseadas del tabaquismo pasivo y se protege al propio fumador. Por otra parte, el nivel de contaminación ambiental y de producción indirecta de basura no reciclable desciende de manera destacada.

Si bien sus detractores sostienen que estas normas son una suerte de castigo al adicto, el cual sería considerado un delincuente y no un enfermo, debe señalarse que estas leyes sólo son útiles cuando se acompañan de campañas de promoción de la salud y de concientización. En estos casos, la eficacia de estas leyes es indudable y contribuyen a que una mayor proporción de personas logren dejar de fumar de forma definitiva.

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