Radiofrecuencia estética: qué es y cuáles son sus beneficios

La radiofrecuencia estética puede aplicarse para la terapia de la flaccidez cutánea y de la presencia de celulitis tanto en la superficie corporal como en áreas sensibles, como el rostro y el cuello.

La aplicación de pulsos de radiofrecuencia en medicina estética resulta de gran utilidad, ya que constituye una estrategia no invasiva que actúa en forma directa sobre las capas más profunda que subyacen por debajo de la piel.

Su acción se dirige hacia la dermis y provoca la retracción de las fibras de colágeno. Este proceso modifica la estructura de esta proteína y da lugar a la formación de un tejido renovado y elástico, que, en forma progresiva, modifica el aspecto de las capas superficiales de la piel hasta renovar y rejuvenecer su aspecto. Si bien el procedimiento se asocia con resultados lentos, los cambios persisten con el tiempo.

Los pulsos de radiofrecuencia estética generan un campo eléctrico que transmite mayor temperatura hacia las capas lipídicas que se encuentran en la dermis profunda. Dado que el calor se disipa en las áreas de mayor superficie, las sesiones que corresponden a planos más amplios, como los glúteos, suelen extenderse por hasta una hora. En cambio, la aplicación en el rostro o los brazos no suele superar los 20 minutos.

Dado que se dispone en la actualidad de transductores bipolares o unipolares, resulta sencillo graduar la profundidad a la cual se dirige el pulso de radiofrecuencia, con lo cual se selecciona con certeza el plano de la dermis a tratar. La profundidad de los tejidos difiere en los distintos sectores anatómicos, por lo cual la idoneidad del especialista se considera esencial.

Por lo tanto, la radiofrecuencia estética se asocia con altos índices de resultados satisfactorios, en el contexto de una rentabilidad apropiada y con adecuados niveles de durabilidad.