¿Sigues con hambre después de la cena? Culpa a tu cerebro

Cuando el hambre ataca, una simple imagen de una jugosa hamburguesa te hará salir corriendo al fast food más cercano para buscar la tuya. Pero si ya has saciado el hambre y todavía tienes hambre puede deberse a una falla en el cableado de tu cerebro.

Un nuevo estudio sugiere que el hambre después de las comidas grandes no está necesariamente relacionado a la falta de voluntad sino a una falla en el cableado del cerebro. Investigadores descubrieron como las neuronas en la corteza insular del cerebro influyen directamente en la forma en la que respondes a las señales de alimentos.

Es más, se encontró que es posible controlar la actividad de estas neuronas y alterar los hábitos alimenticios. Este es un descubrimiento que podría conducir a nuevas estrategias de tratamiento para los trastornos alimentarios y la obesidad.

Estudios previos han sugerido que la corteza insular afecta nuestro comportamiento en respuesta a señales de alimentos, tales como comerciales de televisión o videos en redes sociales relacionados con alimentos.

Los investigadores explican que en personas sanas que tienen hambre, la actividad en la corteza insular aumenta en respuesta a señales de comida, pero no aumenta en respuesta a tales señales luego de comidas grandes.

Sin embargo, los estudios tipo resonancia indicaron que personas obesas o con trastornos de alimentación pueden presentar anomalías en la corteza insular que aumentan la sensibilidad a las señales de los alimentos, lo que puede explicar por qué hay personas que comen en exceso.

Se realizaron estudios en animales que demostraron que es posible activar artificialmente las neuronas AgRP (encargadas de promoveer el hambre) y hacer que coman como si no hubiesen comido durante mucho tiempo. Estas neuronas parecen ser capaces de causar un conjunto diverso de comportamientos asociados al hambre y la alimentación.

La investigación también reveló que la vía cerebral que conecta las neuronas AgRP y la corteza insular, implica la amígdala y el tálamo para ventricular. La amígdala está involucrada en la modificación del valor de las señales alimentarias, mientras que el tálamo tiene un rol fundamental en el comportamiento motivacional.

Aunque se necesitan más investigaciones para obtener una comprensión más clara de los procesos cerebrales involucrados en las respuestas conductuales a las señales alimentarias, el Dr. Andermann y sus colegas creen que sus hallazgos actuales tienen potencial terapéutico.

Aunque todavía falte mucho para comprobar si esto es real y funciona en humanos, el equipo sugiere que puede ser posible reducir la actividad neuronal de la AgRP con el fin de combatir los antojos y a futuro, trata la obesidad.

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